September 3, 2020
Mes X, día X, hora X. Martes. Madrid

Aquí tienes tu café doble con leche de avena. Noto su sonrisa debajo de la mascarilla, sonrío, estiro el brazo para coger el café que me tiende con los guantes puestos. Muchas gracias. Un placer volver a verte. Sonrío.Me siento cerca de la venta a una distancia prudente del resto de clientes, no lo hago por obligación, lo hago como hábito, en qué momento sentarme lejos de la gente se ha convertido en un hábito me pregunto.Miro por la ventana mientras sorbo el café, vuelve a haber vida, la gente se ha echado a la calle. Unos con más cautela que otros pero todos nos vamos adaptando a la mochila que arrastramos: muertes, pérdidas cercanas, hospitales y lágrimas...pero también risas, llamadas diarias, mensajes a deshora, familia, celebraciones, amigos, cervezas virtuales y sexo a través de una pantalla.La gente comienza a correr como siempre, yo he decidido pararme, disfrutar del café, escucharme, entenderme, cuestionarme, han sido meses haciéndolo y aprendiendo, no quiero olvidarme.Una chica pasa delante del café y me sonríe desde el otro lado del cristal. Mi mente viaja unas horas al pasado, hasta esta mañana, hasta ella. Sonrío, he dormido poco, mi barba huele a ella. Han vuelto los golpes, la distancia de seguridad se ha roto. Meses sin hacerlo, un minuto de dudas, es como montar en bici le digo, ella se ríe, disfrutamos, por fin sexo a cuatro manos, lo echaba de menos.Me agacho a enchufar el portátil, mi cuerpo llora de las agujetas. El domingo subimos todos al monte, mi hermano, los amigos, alguno con algún kilo de más, otros con sueño de menos por la fiesta del sábado, pero todos riendo, a nuestro ritmo, haciendo de la montaña algo nuestro sabiendo que ella siempre estará ahí estemos o no nosotros.Bebo café, sonrío.Entra una llamada en el portátil, las "calls" se han instaurado en nuestras vidas, ahora las empresas aceptan el remoto. Se ven niños y perros en las llamadas. Muchos se han ido a vivir fuera, otros han vuelto a sus pueblos. La centrificación se ha suavizado. La gente vive donde quiere no donde tiene que vivir.Hoy hay cañas, ahora celebramos casi a diario. Hemos quedado donde Esther para tomar y picar algo, algunos con menos dinero, otros sin trabajo, cada uno arrima lo que puede, pago yo esta ronda se oye desde el fondo.El teléfono se ilumina. Mi móvil solo se ilumina si es importante. Casi he dejado de mirarlo. La infoxicación de la cuarentena sigue presente. Mi madre, ya hemos llegado. Vuelven a viajar, ahora más cerca sin cruzar fronteras pero siguen viajando.Vuelvo a mirar por la cristalera, veo gente, veo movimiento.Todos parecemos los mismos que antes pero ninguno lo somos.Esto nos ha cambiado a todos, pero aquí estamos para seguir cambiando.Madrid, Martes X

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