September 3, 2020
Maldita distancia de seguridad | Pepe Martín

"guarden la distancia de seguridad, por favor"

Levanto la cabeza: ¿me dirá a mi, a nosotros?

Estaba ensimismado mirando una lechuga que parece que me mira. Sí, era a mi, a todos. Vuelvo a la lechuga, la cojo con mis guantes y me la llevo a la nariz, trato de oler a través de la mascarilla, no huele a nada, nada huele a nada.

Distancia de seguridad pienso resignado. Como si fuéramos coches, como si corriéramos peligro al acercarnos demasiado, ah, espera, que ahora sí lo corremos.

Distancia de seguridad, un metro. Ese metro que tantas veces hemos roto con un: "déjate de manos y dame un abrazo", "ven aquí que te de dos besos", "cuánto tiempo sin verte, estás preciosa", "te he echado de menos", "dame un abrazo, por si es el último que nos damos"...

Distancia de seguridad que tantas veces violamos al conocernos, al darte el primer beso, al acariciar tu pelo, al tocarte la cara, al quitarte una legaña por la mañana, al limpiarte una lágrima en tus días malos.

Esa distancia que se rompe por segundos en forma de abrazo "de los de antaño" como decía el abuelo: uno, dos, tres, cuatro, cinco...dejas de contar y solo quieres el abrazo, ese abrazo.

Esa distancia con la que tantas veces jugamos en público y en privado. Esa distancia rota por un susurro en un bar abarrotado: "vamos al baño" "ni de coña, está todo el mundo mirando" dices despacio, rebajando más la distancia que ambos sabemos rota conscientes de un final ya pactado.

Distancia de seguridad me repito sumiso, pensando en las veces que estando dentro de ti la rompíamos. Una vez, y otra, en distintos lugares, países, ciudades, personas. Distancia de seguridad mientras toco tu ombligo vibrando, mientras te escucho gimiendo, mientras levantas la cabeza sin saber que ocurre pero disfrutando de lo que está ocurriendo. Mientras te miro. Mientras dormimos, mientras follamos.

Distancia de seguridad...tantas veces rota sin ser conscientes, violada cada día sin delito, ninguneada por improbable "¿Cómo no vamos a poder tocarnos?".

Y no, contra todo pronóstico, no pudimos, y no podemos. Y no por falta de deseo, sino por necesidad, como medida, como duelo para un futuro incierto para el que no sabemos si estamos preparados.

Maldita distancia de seguridad. Espero que te esfumes, que desaparezcas, que vuelvan los dos besos, que duren los abrazos, que riamos cerca y no a través de un teléfono, que lloremos y nos consolemos, que nos robemos besos, que gimamos...que nos queramos.

Maldita distancia de seguridad, has hecho que nos queramos distinto, pero volveremos.

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